En el aula, Alejandro invita al alumno a ir más allá de la partitura. Para él, enseñar música no es solo transmitir técnica, sino compartir una forma de escuchar y de entender el sonido. La pedagogía musical se convierte así en un punto de encuentro entre el trabajo artesanal del instrumento y la emoción de la interpretación.
Formado en el Conservatorio Superior de Música de Canarias, ha ido construyendo una manera de enseñar que combina el respeto por la historia con la curiosidad por experimentar. No se trata únicamente de tocar el piano o el órgano, sino de comprender cómo funcionan, por qué suenan como suenan y qué historias guardan. La música, para Alejandro, es también memoria y patrimonio.
Esta forma de entender la enseñanza se abre más allá del aula. A través de talleres, encuentros, audiciones comentadas y demostraciones, acerca la música tanto a colegios como al público general, creando espacios donde cualquiera puede escuchar, preguntar y descubrir. No hace falta saber música: basta con tener ganas de entenderla y sentirla.
Su objetivo, ya sea con estudiantes o con personas que se acercan por primera vez, es el mismo: dar sentido a cada nota, despertar la curiosidad y ayudar a que la música deje de ser algo lejano para convertirse en una experiencia viva, cercana y compartida.